Es la palabra de las víctimas contra la de los acusados. Ahora, la Justicia debe resolver a quién les cree. Ayer llegó a su instancia final el juicio contra tres hombres que están acusados de haber drogado y violado a dos jovencitas a la salida de un boliche, hace casi tres años, luego de haber estado en un boliche de la zona del Abasto.

La fiscalía pidió 15 años de cárcel para los imputados, mientras que la defensa solicitó que fueran absueltos. El jueves se conocerá el veredicto de los magistrados.

El debate comenzó hace dos días, en la sede penal de Tribunales de avenida Sarmiento al 400. Los miembros de la sala VI de la Cámara Penal, Alicia Freidenberg, Marta Cavallotti y Emilio Páez de la Torre, dispusieron que el debate fuera a puertas cerradas, por pedido de las víctimas. "Esto es debido a las características del delito, y resguardando el derecho a la intimidad de los involucrados", indicaron desde el tribunal ante la consulta de LA GACETA.

El hecho se produjo la madrugada del 16 de septiembre de 2007. Según la denuncia radicada por una de las víctimas -los nombres de los involucrados en el caso se mantienen en reserva-, ella y su amiga habían concurrido a un local bailable, donde conocieron a los imputados. Allí, afirman ellas, les dieron una bebida alcohólica conocida como "esperma de pitufo". Según su versión, tenía alguna sustancia tóxica, pues después de dar algunos sorbos ambas quedaron totalmente drogadas.

La mayor de las víctimas, de 25 años, es la única que actúa como querellante en la causa, asesorada por la abogada Geraldine Salazar. Ella sostiene que no recuerda nada de lo ocurrido esa noche. Su amiga, de 21, dijo que recordaba imágenes de cuando subía a un automóvil propiedad de los imputados, pero que estaba semidesvanecida.

Durante el juicio expusieron las dos víctimas. Según fuentes judiciales, se trató de un relato muy fuerte, en el que contaron todo lo que vivieron aquella madrugada.

Ambas aseguran haber sido violadas, y que se despertaron en la casa de El Manantial sin saber cómo habían llegado allí. Un estudio genético demostró que había rastros de semen de los tres imputados en el cuerpo de las denunciantes. Una de las mujeres aseguró que se despertó cuando la estaban violando, y que luego se cambió rápidamente y luego huyó de la vivienda.

Los imputados, en un primer momento, se abstuvieron de declarar. Más tarde, durante la audiencia final, uno de ellos solicitó la palabra y dio su versión. El aseguró que las jóvenes habían dado su consentimiento para tener relaciones y que no se trató de un abuso sexual.

Los alegatos
Tras recibir las declaraciones, los magistrados pasaron a incorporar las pruebas instrumentales que figuran en la causa. Cada parte, durante los alegatos, se basó en estas pericias para argumentar su pedido.

"Las pericias psiquiátricas y psicológicas demuestran lo que vivieron las víctimas. Sufrieron secuelas terribles", aseveró Salazar. Ella pidió 25 años de cárcel para los acusados, y remarcó que debía considerarse un doble agravante en el delito: la concurrencia de dos o más personas y el estado de presunta inconsciencia de las víctimas.

El abogado Mario Mirra, defensor de los imputados, se basó en los informes médicos para pedir la absolución de sus clientes. "Jamás se probó científicamente que las denunciantes hubieran estado inconscientes esa noche; no hay dosajes alcohólicos ni pruebas similares. Además, el estudio clínico demuestra que no hay rastros de un ataque sexual, como excoriaciones y otras lesiones", dijo.

La fiscala de Cámara, Juana Prieto de Sólimo, realizó un repaso histórico de los hechos, y afirmó que los acusados debían ser condenados a 15 años de prisión.